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Lo que NO es, NO puede ser
A PROPOSITO DE LOS MEDIOCRES SINDICALISTAS
Econ. Roger Grández Rios
El fracaso tiene mil excusas, el éxito no requiere explicación; o al menos la mayoría de las personas no se interesan por investigar las fuentes del éxito, mas bien le complace compartir los sufrimientos del fracaso, además de que ante el éxito de otro lo primero que les despierta no es admiración sino envidia, enfermedad letal que carcome las entrañas. Miguel Ángel Cornejo, Infinitud Humana.

Esta es la conducta, a no dudarlo, de las personas que no miran más allá de sus propias limitaciones y siempre están pendientes e incluso colaboran insistentemente para que otros puedan tropezar, caer o fracasar en sus intentos de alcanzar sus metas o sus éxitos.
Ellos están allí, deambulando, y puede ser una persona cercana, un compañero de trabajo, un dirigente político popular o miembros de un sindicato. En efecto, cuando se emprende un proyecto y tienes capacidad para desarrollar y lograr alcanzar metas que otros no lograron, tenlo por seguro que hay muchas personas detrás de uno que lo van a impedir; y es que ellos recurren a fuerzas negativas para impedir que otros logren éxitos, aun si estos son para beneficiar a la sociedad, o para mejorar procedimientos o reinventar instituciones de carácter social.
El caso de los denominados sindicatos de trabajadores, que ahora están creciendo como hongos, su función principal es demandar mejoras en la calidad del trabajo que realizan sus asociados a través de un programa de capacitación y el incremento de la remuneración en función de sus meritos y resultados, así como institucionalizar sus respectivos códigos de ética. No, eso no ocurre; el dirigente sindical no exige capacitación, solicita, a fuerza de paros y huelga, flexibilidad y relajo en el horario de trabajo; aumento de sueldos y remuneraciones y no dedicación y empeño en su tareas cotidianas; esconde y protege a sus asociados mediocres o que hayan violado normas de conducta y procedimientos administrativos, en vez de solicitar sanciones ejemplares; pide y exige ascensos laborales con el argumento que existe personal de la institución con capacidad para emprender dicha tarea, cuando hace más de 20 años esas mismas personas están allí, desarreglando todo, controlando todo y haciendo daño a la institución.
Estos miembros de los sindicatos no miran el beneficio colectivo; no les importa la comunidad; les importa su ego, su persona y su mensaje esta lleno de negatividad, porque para ellos todo lo que se hace o lo que se pretende hacer es malo, pero se encuentran allí y encuentran en cada paso, oídos, y en cada cabina, un micro, por donde escupir sus inexactitudes y su testarudez.
Son estas mismas personas que piden la renuncia de un Director o cambios de funcionarios; son estas mismas personas que ahora dicen proteger la institucionalidad, cuando constantemente están quebrantándolo y pisoteándole; dicen proteger los bienes patrimoniales, cuando se apropian de sus activos. En suma, son unos mercenarios de su propia verdad y de sus limitaciones.
Los cambios institucionales y redistribución de tareas, tienen que ser firmes y con metas claras y, sobre todo, de un director que sepa sintonizar los cambios con resultados; así como una buena partitura conlleva a una buena música y melodía. Si en el camino se encuentran obstáculos que, a pesar de la razón y el dialogo, no se pueden superar, avanzar es la orden; protestarán, se revolcarán pero luego se lamentarán por no compartir ideas de éxito. Ellos ya no estarán en la foto. Hace 10 años, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR), tuvo que cambiar, a decir de un ex ministro, al 60% de su personal del vice ministerio de comercio exterior para emprender la meta de que el Perú tiene que insertarse en el mercado internacional a través de los acuerdos comerciales.
Si queremos que una institución cambie sustancialmente y beneficiar con sus resultados a la sociedad, y si estos cambios requieren cambios de actitud que se encuentran en otras personas, hay que tomarlos, no importa cuanto cuestan, hay que tomarlos.
Uno no puede hacer cambios sustanciales en una institución antigua y que tiene escaso involucramiento con la soiedad, con la misma masa laboral y con un sindicato que privilegia la negligencia y no los retos.
Una persona que genera el cambio debe ser, como un buen director de orquesta que se da cuenta con sobrada lucidez, exactitud y prontitud, quien y en que momento fallan, para corregir en lo inmediato. Estar pendiente de sus resultados y corregirlos en el momento oportuno y no estar todo el día en los medios de comunicación explicando la insensatez de las demandas sindicales.
Lo que no es, no puede ser. El sindicato no es en su esencia y no puede ser, en un contexto con rápidos cambios y con metas, lo que sus líderes quieren que así sea.
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